sábado, 13 de octubre de 2012

Modas musicales

Hoy voy a hablar de un femonómeno que, aunque es tan antiguo como la misma música, hace unos años se volvió un tanto curioso. Me refiero a que siempre hubo un estilo (o unos pocos) de música predominante, que gustaba a la mayoría, mientras que otros preferían otros estilos minoritarios, no por ello menos buenos. Las canciones sobre amor y vida cotidiana de melodias sencillas en la Edad Media, los elaborados cantos religiosos de la Moderna, el rock and roll, jazz, punk, etc del siglo pasado... Bueno, en el siglo pasado hubo de todo, y más o menos todo tuvo su buen número de seguidores. Y ahora lo predominante se podría decir que es el pop, regeton (perdón por ponerlo como si fuera música) y la electrónica mala (sí, la hay buena, mirad daft punk y esos).
Pero lo curioso de hace un tiempo es que las minorías musicales empezaron a ser especiales. Empezaron a surgir jóvenes contrarios a pasarse los fines de semana bebiendo a más no poder, con una incesante y repetitiva "música" (perdón de nuevo) taladrándoles la cabeza. Junto al rechazo a ese modo de vida venía otro a sus pobres gustos musicales, volviendo los ojos a esos géneros del siglo pasado, como una especie de renacimiento. A medida que los descubrían se sentían una minoría afortunada, conocedora de algo mejor y empezaron a sentirse superiores. En cierto modo lo eran, pero comenzaron a ser iguales que aquellos a los que odiaban.
Para empezar, comenzaron a ser bastantes, luego ya no son una desgraciada minoría (jo, con lo bien que se está en la autocompasión). Y lo peor: comenzaron a desdeñar a los nuevos integrantes del grupo si no escuchaban cierto grupos considerados imprescindibles. Por ejemplo, yo puedo considerarme heavy porque me gustan muchos de estos grupos, pero si le digo que no me gusta Judas Priest me miran con desprecio. ¡Son mis gustos! ¿Y qué si también hay canciones pop que me gustan? Puede que tengan buen gusto, pero se han convertido en unos despreciadores de todo lo demás, como hacían los otros. Otros defienden que su género es el mejor y desprecian incluso a otras minorías parecidas, como folk, nu o gothic metal. Pues también puede haber quién le guste, claro que sí. ¿Y qué pasa con la música clásica? Hay más mundo además de una mesa de mezclas, pero también más allá de las guitarras eléctricas.
Y sobre otro gran error: odiar enormemente a estrellas pop, como enemigos. Por ejemplo el caso Justin Bieber, que por suerte ya pasó un poco, pero no ha sido el único. Pues les tengo que decir un par de cosas.
1º: No odiais al cantante, es solo un tio haciendo su música (vale que no sea muy profunda, pero sirve para entretener y hacer disfrutar a quien le gusta). En realidad a quien odiabais era a las fans histéricas exageradas por considerar que no merecía tanto revuelo el chaval. Pero dejadlas, hallá ellas, ya crecerán y eso, también a las de antes se les caía la baba con los Back Street Boys.
2º: Dicho esto, tampoco merecía tantos insultos, muchos menos los de maricón (...). Eso no es un insulto en absoluto, es una orientación sexual y de haber sido realmente homosexual habría que respetárselo. Como si serlo fuese algo malo...
3º: Se le llegó a nombrar más por parte de sus odiadores que por las fans. En serio, si odias a alguien es mejor ignorarlo, decir lo que opinas una vez o dos y vale. Con tanto dar la lata parecían ellos los enamorados, y así solo mostraban que les importaba, en vez de escuchar su música y dejarlo.
Bueno, dicho esto (aplicable a cualquier cantantillo de moda), me despido. Ya esta dicho lo que tenía que decir.
Aclaraciones: Vale que me he metido un poco con los heavys extremistas, pero quiero dejar claro que no son todos. Mis respetos hacía quienes escuchan y dejan escuchar. Todos los géneros están bien para quien le guste (como si te gusta la Pantoja), excepto las cosas habituales de botellón. Lo siento, la música es para disfrutarla y no se como se disfruta un BUMBUMBUM con letras repetitivas sobre ir de fiesta y generalmente machistas. Sólo sirven para bailar, y para eso está la electrónica antigua, que al menos tenía más riqueza de sonidos. Ala, hasta luego.

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